Prometer lealtad a la Constitución Nacional no es un acto vacío. Es decir en voz alta: “Creo en la democracia. Creo en la libertad. Creo en la igualdad.” Es comprometerse, desde el lugar que cada uno y cada una ocupa al ser ciudadanos responsables, críticos y solidarios, dispuestos a construir una sociedad más justa y más humana.
Hoy los alumnos y alumnas de tercer año asumieron su lugar como ciudadanos y ciudadanas de esta Nación. Ser ciudadano no es solo tener un DNI. Es mucho más. Es formar parte de algo más grande que uno mismo: una comunidad, un país, una historia compartida. Es entender que nuestras acciones tienen un impacto, que nuestras voces cuentan, que nuestras decisiones construyen el presente y abren caminos hacia el futuro.
Ser ciudadano es saber que la libertad no se regala, se defiende. Que los derechos no se heredan, se conquistan. Que la democracia no se sostiene sola, se cuida con participación, con conciencia, con respeto por las reglas y, sobre todo, con amor por los demás.
Ellos, con su juventud, con sus ideas, con sus sueños, tienen la enorme posibilidad de transformar la realidad. De hacer de la Constitución algo vivo, dinámico, presente en cada acto de justicia, de empatía, de compromiso.
Como dijeron nuestras alumnas, “al prometer lealtad a la Constitución no prometemos ser perfectos, pero sí prometemos estar atentos, comprometidos y dispuestos a aportar lo mejor de nosotros, para que la democracia no sea solo una palabra en los libros, sino una realidad cotidiana.”
Hoy más que nunca, los animamos a que crean en su poder. En su poder de elegir, de cambiar, de construir. Que no dejen que nadie les diga que ellos son el futuro: ellos ya son el presente.