Desde el jardín, en el marco de la Semana de la Memoria, se propusieron actividades desde el espacio de biblioteca para acercar a los niños y niñas a los cuentos prohibidos por la dictadura cívico-militar. Libros que hoy podemos volver a compartir, “cuentos libres como el viento”.
¿Por qué pensar una conmemoración desde la literatura? Porque la literatura, así como la escuela, es una puerta de entrada a los derechos, a la construcción de lazos y a la posibilidad de un mundo en común. Contar historias es también encontrar palabras que resignifican nuestra identidad y nos permiten proyectarnos hacia el futuro.
En el día de ayer, la seño Gabi compartió con las salas de 3, 4 y 5 años los libros: «Estaba la paloma blanca» de Pedro Orgambide y «Monigotes en la arena» de Laura Devetach. Contar, comprender, hablar y preguntar son acciones necesarias para que los sucesos más dolorosos de nuestra historia se recuerden y para que nunca, pero nunca más, se repitan.
Hoy, más que nunca, asumimos la responsabilidad de mantener abiertas las ventanas y de tender los brazos hacia las infancias. Acompañarlas, fortalecerlas, protegerlas sin subestimarlas. Ofrecerles herramientas, ayudarlas a crearlas para que sean ellas y ellos quienes sigan abriendo los caminos de una historia y una cultura compartidas, atravesadas por la memoria y la identidad.