Hace unas semanas, nuestros alumnos y alumnas de quinto año presentaron sus buzos de egresados: un gesto que cada año vuelve a llenar de emoción el patio de nuestra escuela.
Los rituales tienen la capacidad de reunir historias, afectos y sentidos compartidos. En este caso, el buzo es mucho más que una prenda: es la expresión de un recorrido construido entre aprendizajes, desafíos, amistades y experiencias que han dejado huella en cada uno de ellos.
Esta celebración llega, además, en el mes de María Auxiliadora. Un mes atravesado por el cariño y la alegría colectiva en el que la comunidad educativa se reúne para celebrar, agradecer y fortalecer los lazos que nos unen. En ese espíritu de cercanía y comunidad, la presentación de los buzos encuentra un sentido aún más profundo.
Como institución celebramos estos momentos que forman parte de la vida escolar. Porque educar también implica valorar y compartir junto a ellos aquellos gestos que consideran importantes.