Hoy nos reunimos para recordar una de las fechas más importantes de nuestra historia: el 25 de Mayo de 1810, día en que comenzó a nacer la patria que hoy habitamos.
Hace muchos años, en ese mayo frío y lluvioso, un grupo de hombres y mujeres se animó a soñar con algo diferente: un pueblo que pudiera decidir por sí mismo, sin depender de reyes lejanos ni virreyes impuestos. Querían libertad, querían justicia, querían que sus voces fueran escuchadas. Y ese deseo, esa necesidad de un país propio, los llevó a reunirse frente al Cabildo para reclamar un gobierno formado por criollos, por personas nacidas en esta tierra.
La Revolución de Mayo no fue solo un cambio político. Fue el primer paso hacia la independencia, el comienzo de un largo camino que todavía seguimos recorriendo. Fue la chispa que encendió la esperanza de un futuro mejor, construido por todos y todas.
Por eso, conmemorar esta fecha es mucho más que recordar un hecho del pasado. Es un acto de memoria, de compromiso y de identidad. Nos recuerda quiénes somos, de dónde venimos y, sobre todo, qué valores queremos defender: el diálogo, la participación, la unión y el respeto por el otro.
Cada vez que hablamos del 25 de Mayo, volvemos a preguntarnos cómo podemos ser mejores ciudadanos, cómo podemos cuidar esta patria que tantas personas ayudaron a construir. Porque la patria no es solo un territorio. La patria somos nosotros: nuestras acciones, nuestras palabras, nuestras ganas de crecer juntos.
Hoy celebramos con alegría, con orgullo y con esperanza. Que esta fecha nos inspire a seguir construyendo una Argentina más justa, solidaria y libre para todos y todas.
¡Viva la Patria!